inicio > He lavado mi coche, ahora va mejor
Quiero utilizar uno de los ejemplos de nuestro colega Donald A. Norman, para comentar algunas de las variables de las que dependen nuestras sensaciones y como éstas influyen en nuestra percepción.
¿Alguna vez os ha pasado?, lavas el coche, está reluciente, y piensas… suena mejor, corre más, incluso, ¡seguro que consume menos!.
Muchas veces, diseñamos pensando solamente en los resultados racionales que queremos obtener, pero existen una serie de percepciones positivas que debemos saber canalizar y transmitir para satisfacer al usuario. En nuestro ejemplo el color, material y acabado de la pintura se convierte en una variable importantísima, que puede eclipsar el mejor de los diseños.
Por este motivo, el diseño de la usabilidad debe estar apoyado por el conocimiento cognitivo de otras disciplinas que tienen mucho que aportar, disciplinas tales como la psicología, informática, marketing, IPO (Interacción Persona Ordenador) y arquitectura.
Estas disciplinas nos aportan otros puntos de vista importantes para realizar nuestro trabajo, nos ayudan a pensar en el usuario, por el usuario y para el usuario.
Las sensaciones que nos puede evocar un determinado diseño, dependerán de múltiples variables, tales como la primera impresión, la emoción que nos genere, la apetencia, la motivación y la qualia.
Qualia: Sensación interna de la cualidad de un objeto, esta sensación depende de las experiencias acumuladas por el usuario y puede estar compuesta por una visión o recuerdo, un sonido, un aroma o incluso una mezcla de todas.
Muchas de estas variables son personales e incontrolables, son capaces de hacernos ver algo maravilloso, donde los demás ven algo burdo. Y al contrario.
Volviendo al ejemplo del coche, seguro que alguna vez has pensado que tu coche es más bonito que el de tu vecino,… aunque sea la misma marca y modelo.
El sistema de sensaciones, es capaz de juzgar y asignar un valor positivo o negativo rápidamente, es mucho más veloz que el sistema cognitivo, que necesita interpretar y recoger las sensaciones que se encuentran en el mundo.
Pero no son independientes, el estado anímico influye en la carga cognitiva, así como la carga cognitiva influye en las sensaciones. Nuestras sensaciones son más rápidas, pero al final, el lado racional y el emocional, se solapan para ofrecernos un único resultado. Así, las cosas “hermosas” funcionarán mejor, serán fáciles de utilizar y ofrecerán mejores resultados…o eso pensamos.
Esto es correcto, siempre que no sobrevaloremos el poder de las buenas sensaciones, nos ayudarán a superar pequeñas barreras, pero tienen un límite para el usuario y la consecución de malas experiencias conseguirá un efecto contrario, difícil de cambiar a medio plazo.
Cuando las sensaciones son positivas, el usuario está más dispuesto a tolerar pequeñas dificultades. Con sensaciones negativas, el índice de tolerancia irá disminuyendo exponencialmente a las dificultades encontradas.